De viaje con el Kindle

Ahora le tocó el turno al Kindle de salir de viaje conmigo. Algo tuve que asumir en este viaje que ya venía sospechando hace mucho y es que leo poco cuando viajo.

Leo un poco en los aviones (no mucho la verdad) y mucho menos cuando estoy en otro país. Vamos: no voy a encerrarme en un hotel o en casa de amigos en otras tierras a leer cuando lo que quiero hacer es tragarme la otra ciudad, conocerla, explorarla, visitar sus museos y puntos emblemáticos, hablar con sus habitantes y conocerla de la mejor manera posible… a menos que se trate de un lugar tan imposible como San Salvador, es decir, de un lugar donde no se puede salir a la calle porque te asaltan, donde no se puede salir de noche porque te asaltan, donde no se puede andar sola como mujer porque te asaltan, etc.

Habiendo dicho esto, como era un viaje trasatlántico, pensé que aprovecharía el cruce del océano para leer mucho. Error: a la ida, los vecinos de asiento se vieron molestos por la luz que yo tenía encendida mientras todos querían dormir y yo gozaba de mi siempre natural y razonable insomnio (dado el cambio de horarios) y me miraron con miradas asesinas. Tuve que apagar la luz y hacer como que dormía cosa que no puedo mucho en los aviones. Y a la vuelta me pasé con una espantosa migraña desde Madrid hasta Guatemala y lo que menos iba a hacer era leer.

En viajes pasados lo que siempre hacía era llevar uno o dos libros de paseo. Literalmente. Ni los abría. Y yo pensaba: mis libros me aman porque los saco de viaje, ajaja. Ahora me estarán odiando porque el viajero es el Kindle.

Pero ya poniéndonos serios: el Kindle es genial para viajar por su poco peso y porque llevo dentro de él varios libros. Puedo seguir con varias lecturas o lo que se me antoje leer. La verdad a mí me cuesta concentrarme para leer mientras viajo porque creo que mi mente está recibiendo tantas impresiones que anda a mil por hora, anda elaborando todo lo nuevo que va recibiendo y eso me impide concentrarme y enfocarme. Continue reading

El mayor perdedor con los libros electrónicos

Los autores de Freakonomics, Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, le han puesto números y tinta a todo este asunto del surgimiento de los libros electrónicos. El desbordante entusiasmo que éstos causan y sus precios, por lo general más bajos que los libros en papel, suponen una ventaja para los lectores. Los editores han estado en muchos casos reacios a incorporarse a este nuevo mercado, sobre todo los editores en español, pero poco a poco han ido cediendo a medida que, precisamente, alguien llega, numeritos en mano, a demostrarles que las pérdidas no son tales, porque el verdadero perdedor al final del día en toda esta historia es… ¡el autor!

Freakonomics demuestra con pesos y centavos, poniendo ejemplos de algunos títulos considerados éxitos de ventas, lo que terminan ganando y perdiendo en las ediciones en papel y en electrónico.

Mi postura personal desde hace algunos años es que los derechos de autor tienen que reconsiderarse y deben tener una revolución drástica, aunque todavía no se me ocurre cuál sería la fórmula pertinente para sustituirlos. Esta reconsideración de las fórmulas de pago sobre el trabajo intelectual del autor (que es como prefiero considerarlo, y no tanto “derechos de autor”), es particularmente urgente sobre todo en una región donde se suelen firmar contratos con editoriales que los irrespetan con demasiada frecuencia y donde los contratos son apenas una formalidad simbólica. Lo digo por experiencia. Las editoriales se hacen de nuestros libros con un contrato y después no pagan los derechos nunca o hay que andarles mendigando, literalmente, que nos paguen nuestro dinero, como si de una limosna se tratara. (Conste que no son todas, hay excepciones, pero yo he tenido muy mala suerte en ese aspecto y he hecho más de una mala experiencia).

Así, ellos nos amarran por la vía legal para garantizar que el libro sea exclusivo de su editorial pero ellos no cumplen su parte del trato y si uno reclama se incomodan o nos cuentan “lo mal que está la situación”. De nada vale que uno les cuente lo mal que está nuestra situación personal, ellos son inconmovibles, no sueltan un peso. Luego, cuando pagan una miserable cifra de derechos de autor acompañada de la amonestación de que “tu libro no se vende” como si eso fuera además culpa nuestra, llega uno al convencimiento de que, además, eso de los derechos de autor es sobre todo un acto de fe, porque quien sabe cuántos libros vende o deja de vender la editorial. No me voy a meter a fisgonear en las bodegas o en los libros contables de la editorial, faltaba más.

¿Podría demandar? Claro, para eso tengo contrato, pero no tengo los recursos económicos para meterme a ese tipo de demandas. Así de sencillo. Y en mi caso, estaría hablando de demandar a 3 editoriales, por lo menos. Y no hay plata para tanto abogado y eso mis editoriales lo saben, por desgracia, y a eso se atienen para no cumplir. Continue reading

¿Morirán las librerías?

Mientras en El Salvador seguimos soñando con una librería decente (tipo Sophos de Guatemala), con amplio surtido de libros de diversas editoriales internacionales y centroamericanas, de literatura y otras disciplinas académicas, en inglés y en español; con un librero amable que sepa de lo que uno le habla cuando le pide un título o un autor, que si no tiene el libro te lo manda a traer sin costo adicional y que siempre está atento a las novedades literarias; ojalá con un rinconcito donde sentarse a ojear los libros (y no donde los libros están metidos en bolsas de plástico para que el potencial cliente “no los arruine” y con alguien parado a la par como si uno fuera a robárselos), mientras seguimos soñando, en otros países la discusión es que las librerías pueden desaparecer.

Un par de buenos artículos al respecto. (En la foto, la Librería Ateneo Grand Splendid, de Argentina, un teatro que fue transformado en librería).

Del premio Nobel de Economía Gary Becker: Las Librerías tradicionales están condenadas « Prodavinci.

De Richard Posner (reconocido jurista estadounidense, quien tiene un blog junto con Becker): ¿Pueden las librerías sobrevivir? Perspectivas y consecuencias « Prodavinci.

Editores y libreros en Guatemala apuestan por el e-book

¿Será Guatemala el primer país centroamericano que se atreva a la aventura de los e-books? ¿Qué editorial seguirá sus pasos en la región (cuando todavía la alta mayoría de editoriales ni siquiera venden sus libros por internet)?

Parece que la editorial que no se adapte a estas nuevas opciones está destinada a morir. Por lo menos deberían comenzar (las que no lo han hecho), a ofrecer sus libros en Amazon, que es ya “lo normal”.

elPeriódico de Guatemala » País » Editores y libreros en el país apuestan por el e-book.

Leer en Kindle

Hace algunos días terminé de leer mi primer libro en Kindle. Varia gente me ha preguntado con insistencia qué me ha parecido la experiencia. Primero ubico un poco el contexto personal de lo que voy a decir.

El año pasado, el 2010, irá registrado en mi historia personal como el año en que menos leí en mi vida, comparable quizás solamente con los años en que comencé a leer cuando niña.

Lo digo con absoluta vergüenza e incomodidad. Pienso que leer, en el caso de un escritor, es vital. Es parte de su trabajo, de su oficio, de su crecimiento, de su escuela y también, claro que sí, de su esparcimiento.

El ejercicio de lectura que hacemos los escritores es algo complejo, y con el tiempo, o a medida que uno reflexiona más sobre el oficio literario y en particular de la escritura, tengo la impresión de que se lee buscando otras cosas, más allá de una buena historia. Nos fijamos o valoramos más el uso del lenguaje, el ritmo, la construcción de los personajes, cómo se amarran los capítulos, cómo se construyen los ambientes, cómo una palabra (o a veces, la ausencia de ella) nos provoca una emoción específica, etc.

Quizás, en parte, por eso dejé de tener ganas de leer. Di un taller bastante largo, tuve que leer muchos textos para demostrar ciertas técnicas literarias, y de pronto me vi leyendo pero no gozando más de la lectura, sino casi que haciéndolo como un trabajo. Hasta sentí algo de tristeza pensando que nunca me iba a volver a emocionar un libro con la inocencia del que simplemente lee para encontrarse con una buena historia.

Pero me desvié del tema.

El caso es que el año pasado casi no leí. Creo que a lo sumo leí 5 o 6 libros y a duras penas los puedo enumerar. Sé que leí los Diarios de Cheever, y un libro de artículos de Ray Bradbury (Zen en el arte de la escritura), Amor líquido de Zygmunt Bauman, La historia del tiempo de Stephen Hawking, un poemario de Raymond Carver y el tercer volumen de Dune de Frank Herbert. Y no recuerdo más. Continue reading

Diseño inteligente de libros

Las editoriales ahora se afanan en mejorar el diseño del libro en papel para competir contra el libro electrónico.

Está bien que se haga, pero no para competir en ventas contra los libros electrónicos, porque lo que está detrás de estos rediseños es mantener sus ingresos económicos y no mejorar la experiencia para los lectores. Las editoriales españolas deberían estar más bien digitalizando sus catálogos y haciéndolos ampliamente disponibles en versión electrónica.

Diseño inteligente de libros · ELPAÍS.com.