Viaje al centro de la migraña

1.

La luz está compuesta por finas navajas voladoras que rasgan, al contacto, tus glóbulos oculares.

Tu cabeza es yunque para un martillo. Caja de percusión para todo ruido. El sonido es un fluir de agujas invisibles que pincha tus tímpanos.

Cierras los ojos y tienes alucinaciones geométricas y de colores estridentes. Serían bellas las alucinaciones si no dolieran tanto.

Duermes y la oscuridad del sueño se llena de incongruencias que provocan angustia. Un sueño pastoso, profundo, incómodo.

Alucinas. Imaginas cosas, algunas bastantes dramáticas. Si la cabeza pudiera desatornillarse, la dejarías puesta sobre el librero hasta que pasara el dolor. Pero tendrías que deshacerte también del asco en el pecho, ése que no te permite comer ni un bocado. Y también del malestar generalizado. Del aturdimiento. De la pesadez del cuerpo. Esa pesadez que solamente te permite pasar líquidos, fríos o calientes.

Ves luces. Ves círculos morados y franjas azul cobalto. Ves resplandores súbitos a los lados y volteas rápido para ver si atrapas la vista de alguien porque, estás convencida, vas a ver algún espectro.

El dolor es la suave sábana que acaricia tus órganos y que te permite percibir formas exactas: reconoces la redondez de tus ojos, la profundidad de tus cuencas, las curvas del cerebro, la exactitud de tus huesos.

Sabes que va a llover. La presión del agua en las nubes es la misma presión que sientes en tu cabeza. El dolor no va a ceder hasta que ceda el agua, es decir, hasta que caiga una buena, fuerte, feroz tormenta.

Por qué sientes en tu cabeza la presión de las nubes, no lo sabes. Te preguntas si eres pariente de las nubes. Te preguntas si tu cabeza es una nube. Y si tu cabeza es una nube, ¿son tus palabras agua? ¿Son tus pensamientos agua? ¿Es llorar llover?

2.

Escribo esto con el cerebro inflamado. Lo cual no es un decir. Es real. Me lo dijo el neurólogo el jueves pasado.

Desde mediados de diciembre vengo sufriendo dos o tres migrañas por semana. Es una de las peores crisis que he sufrido en la vida.

La peor fue la primera migraña que sufrí durante la última semana de octubre de 1992. Duró una semana completa. En aquella oportunidad, los doctores no supieron qué hacer conmigo. Solamente supieron diagnosticarlo. Me dieron todos los remedios habidos y por haber. Pastillas y sueros. Inyecciones. Masajes. No hubo alivio alguno.

Entonces pasé a los remedios caseros. Rebanadas de papa cruda en la cabeza y en las sienes. Acupresión. Beber galones enteros de agua. Duchas de agua fría. Alguien me puso una acupuntura de emergencia: una agujita en plena coronilla. Y nada.

Mi imaginación, que jamás descansa, me lanzó una pregunta: ¿y si tuviera que vivir con este dolor para siempre? Ahí fue cuando pensé que sería mejor morir. Cualquier cosa era mejor que sentir ese dolor. Al cuarto o quinto día de dolor continuo, con los ojos inyectados en sangre, estaba resignada a morir.

Ya que los humanos no podían curarme, pensé que lo único que podía pedirle a Dios era que me llevara de una buena vez. Se lo pedí así en mis oraciones: “Mátame”. Con esa delicadeza que tengo para decir las cosas. Mátame, le pedí Dios, pero quítame este dolor.

3.

La migraña la sufren millones de hombres, mujeres, adolescentes y niños en todo el planeta. Se sabe que es de origen genético y que hay una serie de factores diversos que desencadenan las crisis, factores que van desde ciertos alimentos y bebidas hasta cambios climáticos.

Identificar dichos factores puede servir para reducir y mitigar las crisis pero la realidad es que el que sufre las migrañas debe aprender a convivir con ellas, ya que no tienen cura. Además, no hay un remedio único y cada caso debe ser atendido de acuerdo a su circunstancia particular, pues varía según el caso.

La migraña es una de las causas más altas de ausencia laboral o reducen hasta en 50% el rendimiento de las personas que deciden continuar en sus funciones. Además afectan dramáticamente las relaciones interpersonales.

Según uno de los pocos estudios realizados en los Estados Unidos al respecto, se estima que la migraña le cuesta a aquel país 112 millones de días de ausencias laborales por año, lo cual ocasiona pérdidas a las empresas de 13 mil millones de dólares y gastos de mil millones de dólares a las empresas de seguridad social. Y perdón que mencione un estudio extranjero, pero no pude obtener datos nacionales.

Por lo demás, las migrañas (al igual que las depresiones y la bipolaridad), son condiciones subestimadas y no comprendidas en su magnitud, poco estudiadas, sobre todo en sociedades como las nuestras, y muchas veces hasta objeto de burla.

Quizás una de las causas de su subestimación es la ligereza con la que mucha gente dice sufrir de “migrañas”, cuando en realidad lo que tiene es una jaqueca o un simple dolor de cabeza, ninguna de las cuales es lo mismo. Lo mejor, por supuesto, en cualquiera de todos estos casos, es que consulte con su médico y tenga un diagnóstico clínico exacto.

Porque por si no lo sabe: las migrañas tienen factores de riesgo. Pueden ser síntoma de otras condiciones y pueden causar infartos migrañosos.

4.

Desde que comenzó mi calvario con las migrañas he probado todos los medicamentos posibles y he visitado a muchos doctores. Ha habido mejores y peores temporadas.

La acupuntura ha sido un gran aliado. Pero muchas veces he tenido que suspenderla por motivos meramente económicos. Muchas veces me ha dado rabia no poder tener un peso para hacerme un tratamiento de salud.

En esos momentos es que llego al convencimiento de que la salud (al igual que la educación, la vivienda, los alimentos y el vestido) deberían de ser gratis. El que no tiene dinero para tratarse una dolencia simplemente se aguanta o se muere. Y eso debería darnos vergüenza a todos. Y no se trata de capitalismo ni de comunismo, sino de justicia social, de solidaridad humana, de auténtico cristianismo. Una espiritualidad que hemos desvirtuado y que ya no sabemos cómo se vive.

Me he pasado casi 19 años estudiando y auto-observando mis crisis de migraña para intentar atajarlas o disminuirlas y todavía no las entiendo bien. Con el tiempo, las crisis se han hecho más cortas. Ahora sólo me duran un día o dos. A veces, con suerte, medio día.

Por desgracia, mis migrañas no cuentan con la fase de aura y que es importante porque en ese momento, hay tiempo de tomar un medicamento y evitar que el dolor ataque de lleno. Me pasa que despierto por la mañana y ya tengo el dolor. O que despierto pero me siento adormilada, con los ojos pesados y en una media hora, comienza todo. O que el dolor comienza de pronto en forma de tornillo presionando en la parte superior de la cabeza.

5.

Según mi neurólogo, lo del cerebro inflamado es normal dada la frecuencia de migrañas que he tenido en los últimos días. El nervio óptico está irritado pero bien. Pero todavía debo hacerme un electroencefalograma.

Por cierto: la noche del día que fui al consultorio, llovió.

Me recetó reposo absoluto y tres semanas de un tratamiento farmacológico que debo seguir al pie de la letra para desinflamarlo y prevenir más migrañas. El tratamiento me tiene torpe y desconcentrada. Yo, que odio tanto las pastillas. Yo, que no puedo darme el lujo de estar enferma porque dependo de mí misma, porque no tengo familia. Yo que soy hiperactiva. Escribir esta columna ha sido una auténtica tarea de Hércules, créanme.

Luego viene la siguiente fase no farmacológica, que todavía no sé en qué consistirá, pero que irá encaminada a controlar esta situación, ojalá que de una vez por todas.

Lo único que sé es que no he podido pensar mucho. Pero veo venir un cambio radical en mi vida. Preocuparse menos y disfrutar más. Eliminar todo stress. Hacer cosas que me gusten porque la vida es demasiado breve para dejarla ir en cosas que no valen la pena y mucho menos si te van a andar enfermando.

6.

La migraña es un camino lleno de piedras duras, secas, filosas, en un día de sol, en un país donde no ha llovido desde hace 54 años y donde no crece un árbol en 382 kilómetros a la redonda y donde el resplandor derrite a puro contacto. Algo así como caminar descalzo dentro de un cuento de Juan Rulfo. Espinarse. Y doler. Cortarse. Y doler. Tropezar. Y doler. Caerse. Y doler. Dormir. Y doler. Soñar. Y doler. Hablar y sentir que cada palabra es una filosa navaja que rasga la cavidad bucal, los dientes, la lengua, el paladar. Y doler. Pensar. Y doler. Comer. Y doler. Beber. Y doler. Esperar. Y doler. Sonreír. Y doler. Mirar. Y doler. Siempre doler.

(Mi columna de hoy en la revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador. La ilustración representa exactamente cómo suelo sentirme durante los ataques de migraña y pertenece a un slideshow de ilustraciones realizadas por pacientes que sufren de migrañas publicado en línea por el New York Times).

About these ads

10 thoughts on “Viaje al centro de la migraña

  1. Siempre te leo y nunca adiviné que te daba. Y te entiendo cada letra primero por tu forma de escribir y segundo porque viví bastante tiempo muy cerca de la migraña y sé…

    En mi caso, el cambio de estilo de vida y eliminar las fuentes de estrés ayudaron un montón. La migraña es un enemigo formidable pero si en algo te ayuda, sabe que aquí hay otro fan que te sigue y que te quiere y que te desea que estés mejor. Gracias por la columna.

  2. Yo le escribí en su muro, sin embargo aprovecho para nuevamente deseados que se mejore pronto y que con el tratamiento los ataques disminuyan en intensidad y periodicidad, así será,

    • Muchísimas gracias Ana Liz, y también absolutamente a todos ustedes (y también a los que por otras vías), me han hecho llegas sus buenos deseos y sus mensajes de solidaridad y aprecio en cuanto a esto de las migrañas. Sólo quienes las sufrimos, algunos más severamente que otros, sabemos lo terrible, paralizante, agotador y desanimante que puede llegar a ser.
      Pero el aprecio y el cariño son siempre una gran medicina. De veras, gracias por leer y por comentar. Están en su blog/casa.

  3. ¡Terrible enfermedad! En estos casos es muy importante prevenir las crisis y hay medicamentos para hacerlo. Éstos disminuyen gradualmente el número de crisis. Debe tener paciencia, eso sí, porque actúan lentamente. Pero con ellos muchos pacientes mejoran notablemente con el tiempo. Hable de ésto con su neurólogo.

    Que se mejore, Jacinta.

  4. Unicamente una escritora de sus calidad tiene la capacidad de describir tan claramente el significado de :¡tengo migraña! eventualmente utilizo algunos de las publicaciones para analizar con mis alumnas, pero la de hoy sobre la migraña la voy a enmarcar porque cuando uno dice : ¡tengo migraña!la respuesta tal como lo expresa es: ah, si dolor de cabeza y?en el pais la migraña, la depresion y otras son invenciones de alguna mujer dramatica.
    Una de sus lectoras Lilian Montenegro

  5. Gracias a Dios no padezco de migrañas,pero si de depresión.Ayer fue un mal día en ese aspecto,pero el ayer paso,mañana quien sabe.Lo que cuenta es el ahora y en este momento estoy bien,tanto que me atreví a dejarte un comentario nada mas para hacerte saber que no estas sola en este tipo de sufrimientos.comparto la idea que expresas en el párrafo tres de la parte 4.El día en que un gobernante haga accesible la educación,servicios médicos,vivienda,etc.a la mayoría entonces tendrá mi voto.Por ahora me limito a ayudar a quien pueda,no importa si ,como en este caso,solo sean palabras de estimulo.ADELANTE!,que apenas me estoy convirtiendo en una seguidora de tu blog.

  6. No hay mejor descripción que la que usted ha hecho. Pero créame, quisiera darle un tip nuevo o recomendarle este o aquel medicamento para que se alivie pronto.
    Estaré orando por usted para que tenga días mejores y las migrañas vayan desapareciendo por completo.
    Ese don que usted tiene para hacer que sus lectores se conecten, no ha perdido fuerza con las migrañas.
    Cuídese mucho.

  7. Te entiendo. Pensé que yo era la única. Aunque mis ataques de migraña no duran tanto (apenas una mala noche, o unas doce horas miserables), la descripción es exacta. La sensibilidad a la luz y al ruido, las sensaciones, etc., son exactamente las mismas. Las mías tienen relación con el estómago, estoy convencida, porque las náuseas son lo peor. ¿Te está dando resultado el tratamiento? Ojalá que sí, porque la migraña es cabalmente esa tortura que has descrito.

    • Sí, a mí también me da náuseas, y por eso no puedo comer nada cuando me da migraña.
      Fijate que parece que está funcionando. Aunque como llevo años en este calvario, hasta no ver, no creer.
      Llevo 10 días de tratamiento y ayer fue el primer día que puedo decir que me sentí bien, no espectacular, pero bien, porque en la noche todavía me pulsó la cabeza, (como que hay una gallina gigante adentro y te picotea la sien), pero no pasó a más, y hoy estoy bien también. Parece que voy por buen camino, bendito sea Moseñor Romero a quien le pedí el milagro porque te lo juro que estaba bien desesperada. Le voy a mandar a hacer su ex-voto…
      Abrazote Carmen, que estés bien.

Comments are closed.