mayo 6, 2013

Corrección política vs. literatura

por Jacinta Escudos

El español Javier Ochoa ganó la edición número 22 del concurso Premio de Literatura para Escritores Noveles, organizado por la Diputación de Jaén, en España. Pero nunca llegó a recibir el premio. Después de haberlo ganado, la misma Diputación se lo retiró. ¿Motivos? Que su novela, llamada Nunca te quise tanto como para no matarte, “falta al derecho a la igualdad por razones de sexo en varias ocasiones”. Es decir, la novela “atentaba” contra la igualdad entre hombres y mujeres, y tenía contenidos sexistas, denigrantes de la mujer.

Esto fue determinado por el “Área de Igualdad” de la mencionada Diputación, que fue la encargada de analizar el contenido de la novela premiada, sin entrar en la valoración literaria de la misma.

No conozco al ganador del premio ni sé de qué trata la novela. Pero el hecho de que un libro participando en un concurso literario tenga que pasar por un tamiz de corrección política me parece absurdo.

Que alguien escriba sobre un asesino en serie, por poner un ejemplo, no implica que el escritor sea un asesino real o en potencia, que sea un malvado, que tenga pensamientos oscuros. Que escriba literatura erótica no implica que sea un libertino sexual. Que en una novela un personaje masculino golpee a su esposa no significa que el escritor suele hacer lo mismo en su vida cotidiana, ni que aprueba o promueva ese tipo de conducta.

Escribir implica crear personajes y situaciones que van en contra de lo que el escritor mismo cree. Con eso se logra la tensión dramática. Para presentar una historia balanceada, el escritor debe imaginar y escribir también sobre la maldad, el dolor, la suciedad, los sentimientos más bajos u oscuros del ser humano, aunque el resultado final sea incómodo para los lectores.

El escritor estadounidense Ray Bradbury le daba a la literatura un valor social que iba mucho más allá de lo meramente estético. Él decía que es también “la válvula de seguridad de la civilización”. Según él, los escritores somos “recolectores de tensiones” y la sociedad necesita de artistas y escritores para mostrar a los demás “trozos de la realidad”. Leer más »

abril 30, 2013

Antes, los libros se escribían a mano…

por Jacinta Escudos

Páginas de Huckleberry Finn de Mark Twain. Tomado de “Handwritten Manuscript Pages From Classic Novels”, Flavorwire (hacer clíck en imagen para ir a la página original).

abril 22, 2013

Lecciones de un juicio

por Jacinta Escudos

(Nota: el jueves 18 de abril por la tarde se anunció la suspensión del juicio en cuestión, cuando ya la edición de la revista y por tanto, de esta columna, estaban en cierre).

He estado siguiendo por internet, casi a diario desde que comenzó en marzo, el juicio por genocidio que se lleva a cabo en Guatemala contra los ex generales Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez Sánchez, éste último ex jefe de inteligencia militar durante el gobierno del primero. Ambos están siendo acusados de genocidio, por la muerte de 1,771 indígenas de la etnia maya ixil ocurrida entre marzo de 1982 y agosto de 1983 en aquel país.

Cada una de las sesiones del proceso son verdaderas cátedras de aprendizaje en diversos temas. Los testimonios, tanto de los sobrevivientes como de los peritos, han contribuido no solamente a documentar uno de los múltiples episodios que ocurrieron dentro de lo que llaman “el conflicto armado interno” en Guatemala, sino que también ponen a reflexionar a los pueblos centroamericanos sobre un pasado reciente y común.

 Muchas tardes terminé con el corazón pesado luego de escuchar los testimonios de los testigos ixiles que han descrito, con gran dignidad, su versión de lo acontecido en las masacres. Otras tardes, los aportes de los peritos han servido para comprender el contexto en el que ocurrieron los hechos. Cuando se escucha a los peritos explicar los aspectos culturales de los ixiles (su relación con la tierra, sus ritos fúnebres, el rol de las mujeres dentro de la comunidad, entre varios aspectos más), se comprende que la agresión sufrida por estas comunidades va más allá del asesinato común.

Sobre este juicio hay muchas cosas qué decir. Se imponen reflexiones sobre temas tan diversos como la influencia del pasado en los hechos del presente, las guerras en Centroamérica, la impunidad, la memoria, el racismo, la discriminación, la visión de mundo de los pueblos indígenas mayas, la necesidad de las víctimas de contar su historia, el dolor que sigue estando tan fresco.

Cada uno de los días del proceso daría para una discusión, para una columna diferente. Encima de eso, mi instinto de novelista también se activa: veo contenidas dentro de la sala de audiencias diversas situaciones que podrían terminar convertidas en novela. Ojalá alguno de los escritores guatemaltecos pueda, dentro de algunos años, ofrecernos un libro basado en estos sucesos.

Desafortunadamente tengo la impresión de que el juicio por genocidio es un evento al que nosotros, como centroamericanos, no le hemos dado la importancia que merece, que es inmensa. Este juicio es el primero de su clase en el continente y con ello se establece un precedente importante.

Los guatemaltecos están escribiendo un capítulo importante de su historia, del cual otros países y sociedades deberíamos tomar ejemplo. El proceso, su desarrollo y los testimonios de los sobrevivientes ixiles, están narrando partes de la historia de Guatemala que no se encuentran escritas en ningún libro y que por fin pueden ser dadas a conocer a la sociedad y al público en general.

Los salvadoreños no deberíamos mantenernos indiferentes ante este juicio, porque nos concierne muy de cerca. Me pregunté, por ejemplo, ¿qué hubieran contado los sobrevivientes salvadoreños de la matanza indígena de 1932, si hubieran tenido una oportunidad como esta? Pero ni siquiera fueron escuchados en su momento, viéndose más bien obligados a callar y a invisibilizarse con tal de salvar la vida. Sus testimonios apenas comenzaron a reunirse en años recientes, cuando muchos de ellos ya habían fallecido. Con su muerte se perdieron para siempre algunas páginas de nuestra historia nacional.

Por desgracia a los salvadoreños no nos preocupa que nuestra historia esté incompleta o parcializada, así como muy poco nos preocupa rescatar la memoria de nadie. Lo demostramos en nuestra práctica diaria, con un desprecio expreso a revisar la historia para comprender los problemas del presente. Con la parcializada enseñanza de la historia nacional en los centros educativos. Con la falta de mecanismos efectivos que permitan la conservación y protección de documentos, objetos y sitios históricos. Con la casi inexistente capacidad de recoger y salvaguardar los testimonios orales de nuestros mayores, que podrían ayudarnos a reconstruir el rompecabezas de nuestro pasado. Con la poca publicación, difusión y circulación de ensayos académicos, históricos o investigativos sobre nuestra historia. Con la escasa existencia de becas o financiamientos para realizar estudios e investigaciones de este tipo.

Vivimos en una permanente actitud de “aquí no ha pasado nada”, que nos hace propensos a cometer los mismos errores una y otra vez. Se han tomado decisiones cuyo acierto ha sido puesto en duda muchas veces. Una de ellas, la amnistía incluida en los Acuerdos de Paz del 92. Una decisión tomada a partir de la errada concepción de que juzgar los crímenes de guerra equivale a buscar venganza.

No puedo imaginarme nada más liberador, para una sociedad, que permitirse un juicio como el que ocurre ahora en Guatemala. Donde al fin una parte de la sociedad, la más discriminada, las más olvidada, ignorada y despreciada, toma el micrófono para contar su verdad. Donde, también, los que justifican la crueldad se dan a conocer tal cual son. Siguen siendo los mismos de siempre.

Muchos testimonios me han impresionado hasta las lágrimas en este juicio. La descripción de cómo mataron a tanta gente, con lujo de barbarie, resulta incomprensible. El sentimiento que esto ha provocado en los sobrevivientes, y cómo han tenido que vivir con ello desde entonces, es duro y traumático. Las secuelas físicas y psicológicas están aún muy frescas, a pesar de que han pasado poco más de 30 años desde los hechos.

La masacre de los ixiles no pasó al otro lado del océano ni en el tiempo de los abuelos. Ocurrió acá, en el país vecino. Ocurrió en nuestro tiempo de vida. Los hechos tienen además una atroz semejanza con eventos ocurridos en El Salvador. Porque por desgracia, también tuvimos conflicto armado. Y también hubo matanzas, con lujo de barbarie, violaciones, destrucción. Todo lo cual sigue impune.

“Hasta que yo me muera, ahí se va a terminar el dolor” dijo uno de los testigos ixiles.

Imaginemos la dimensión de tanto dolor.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 21 de abril 2013).

abril 8, 2013

Una mujer en Berlín

por Jacinta Escudos

La historia, bien se dice, está escrita por los vencedores, y no por los vencidos.

En 1959 se publicó en Alemania un libro llamado Una mujer en Berlín. Su autora prefirió firmar como Anónima. El libro es un diario escrito entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945, en la ciudad de Berlín, y cuenta su experiencia como víctima de violaciones por miembros del Ejército Rojo.

El libro tuvo un rechazo total. La sociedad alemana no estaba lista para enfrentarse a lo que le había pasado catorce años atrás. Fueron los vencidos de la guerra y eso les mereció persecución, discriminación y castigo por parte de las fuerzas victoriosas.

Otro libro, Después del Reich del británico Giles MacDonogh, relata las atrocidades cometidas por las fuerzas aliadas y soviéticas contra la población alemana después de la rendición.

MacDonogh estima que tres millones de alemanes murieron tras el final de la guerra. Dieciséis millones de alemanes fueron desplazados de sus hogares.

Se estima que casi dos millones de mujeres fueron violadas en toda Alemania. Las violaciones fueron masivas y no discriminaban edad: niñas y ancianas también fueron atacadas. En 1946 y como producto de esto, nacieron alrededor de 200,000 niños, hijos de soldados rusos. El aborto se convirtió en una práctica médica común. Las enfermedades venéreas fueron epidemia.

Algunos campos de concentración fueron reutilizados y ahí se mantuvo prisioneros a un millón de alemanes. Muchos de ellos murieron de hambre, frío o agotamiento por los trabajos extenuantes a los que eran sometidos. Los sobrevivientes fueron liberados años después. Algunos fueron hechos prisioneros y llevados a la Unión Soviética. Leer más »

marzo 25, 2013

Monseñor

por Jacinta Escudos

Aquella mañana me despertaron los pájaros. Unos pájaros que cantaban de manera preciosa. En el entresueño, me sorprendí. No había escuchado pájaros en aquella ciudad. Mucho menos en el 7o. piso del edificio donde vivíamos. Era temprano, tanto que aún no clareaba. Volví a dormir, con un sentimiento extraño por el canto de aquellas aves.

Luego, al levantarme, escuché las noticias en la radio. La noticia fue cruel en su brevedad: Monseñor Romero había sido asesinado la tarde anterior, de un tiro en el corazón.

Tenía poco más de una semana de haber llegado a Berlín Occidental, estaba deprimidísima porque no sabía muy bien qué significaba aquel exilio obligado e impuesto por mi padre, odiaba el frío y me irritaban una serie de circunstancias familiares que estaba viviendo. Y entonces aquello.

Monseñor Romero fue parte de mi vida gracias a que en el colegio católico en el que estudié, él era una presencia constante. Nos visitaba con frecuencia, nos dio misa en muchas ocasiones y más de alguna vez nos impartió charlas de orientación religiosa.

Era muy común para nosotras, las alumnas, verlo caminar por los pasillos del colegio y detenerse a conversar con nosotras, a escuchar nuestras tonterías de adolescentes y a darnos palabras de aliento y entusiasmo en cuanto a los estudios. Pero sus palabras nunca fueron regaños o reprimendas anticipadas, como las que nos decían otros curas que por eso mismo, no se ganaban nuestra simpatía y mucho menos nuestra confianza. Monseñor Romero transmitía una sensación de familiaridad y naturalidad que nos permitía acercarnos a él, bromear con él y no sentir miedo ni rechazo, a pesar de todo el respeto que le teníamos.

Tengo muchos recuerdos de él pero compartiré dos: el primero, cuando visitamos el Hospital de La Divina Providencia donde (¡cómo nos lo íbamos a imaginar en ese momento!), sería asesinado meses después. El colegio exigía a sus alumnas, como trámite de graduación de bachillerato, un trabajo social de 100 horas en alguna institución pública. Como parte del programa visitamos varios lugares como salas cunas, hospitales y asilos. Leer más »

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marzo 18, 2013

El llamado de lo salvaje

por Jacinta Escudos

Rimbaud

Hay otro viaje más breve, muy significativo y que en la mayoría de las biografías de Rimbaud, incluso las muy detalladas y extensas, suele ocupar renglones. Es el que hizo a Java, Indonesia, en 1876. De ese viaje se ocupa Rimbaud en Java, el delicioso libro del novelista, crítico y ensayista Jamie James (crítico de arte y cultura de The Wall Street Journal desde hace 25 años, ex crítico de The New Yorker, puesto al que renunció para mudarse a Bali, Indonesia, donde vive hoy). Mezcla de ensayo, crónica de viajes y breve biografía, Rimbaud en Java describe su objeto en las primeras páginas: “En 1873, tras el desastroso final de su enloquecida aventura amorosa con un hombre mayor que él, el poeta Paul Verlaine, Rimbaud se embarcó en un agitado período de viajes por el extranjero, que alcanzó su punto geográfico más distante en la isla de Java. En mayo de 1876 se enlistó como mercenario en el ejército colonial holandés y viajó en barco hasta las Indias Orientales. Poco después de arribar a su guarnición en la zona central de Java desertó y se esfumó en la jungla. Desde ese momento hasta que reapareció en Francia, a finales de aquel año, no se sabe nada de su paradero. Este libro es un estudio sobre el viaje de Rimbaud a Java. Lo he denominado su ‘viaje perdido’ porque sabemos menos de él que de cualquier otro pasaje de su vida. Desde los quince años, Rimbaud fue un frecuente escritor de cartas. Su correspondencia abarca cientos de páginas de sus obras completas, pero de 1876 no sobrevive siquiera una misiva… Fuera de un puñado de lacónicos, opacos documentos oficiales relativos a su enlistamiento y deserción, el viaje a Java representa un vacío”.

“El llamado de lo salvaje”, Página/12.

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marzo 11, 2013

Más que las armas

por Jacinta Escudos

El escritor estadounidense Stephen King, conocido por sus historias de terror, publicó el mes pasado un ensayo llamado Guns, donde se muestra a favor del control de tenencia de armas en su país. El texto lo escribió luego de la matanza de la escuela de Sandy Hook, en Newton, Connecticut, ocurrida en diciembre del 2012.

La versión completa del ensayo puede adquirirse en internet por 99 centavos. También fueron publicados algunos fragmentos del mismo en varios periódicos del mundo. La versión en español se llama “Adiós a las armas” y apareció en el suplemento Radar del argentino Página/12.

En dicha versión, King habla sobre la primera novela que escribió, cuando aún se encontraba en secundaria. Después de varios años, la reescribió (cuando ya sus primeros libros eran bestsellers), y la publicó en 1977 con el título de Rabia, usando el seudónimo Richard Bachman.

La novela tiene como personaje principal a un joven con problemas llamado Charlie Decker. Charlie tiene un padre déspota y está en plena angustia adolescente. Un día lleva una pistola al colegio, mata a su profesor de matemáticas y mantiene como rehenes a sus compañeros.

Entre 1988 y 1997, ocurrieron cuatro incidentes separados en escuelas secundarias que llamaron la atención de King. Eran cuatro hechos donde jóvenes habían entrado a sus escuelas, con armas, habían amenazado e incluso asesinado a algunos de sus compañeros. Aunque la forma de actuar o los resultados de las situaciones eran diferentes, todos tenían algo en común: los hechores, de apellidos Cox, Pierce, Carneal y Loukatis, tenían entre sus pertenencias una copia de Rabia.

Cuando Stephen King supo del cuarto caso, le pidió a su editorial que retirara el libro de circulación. La editorial accedió a hacerlo. Aunque no fue fácil porque la novela estaba incluida en una edición especial con otras tres novelas publicadas bajo el nombre de Bachman.

“Yo no saqué Rabia de circulación porque lo demandaba la ley; estaba protegido por la Primera Enmienda y la ley no podía pedirme que la retirara. La retiré porque a mi juicio podía estar lastimando a la gente”, dice King al respecto. Pero no se disculpa por haber escrito el libro, es algo que dice no hará. Leer más »

febrero 25, 2013

Estrella brillante

por Jacinta Escudos

Si el lector alguna vez viaja a Roma, no deje de pasar por el número 26 de la Plaza de España. A la derecha de la famosa escalinata encontrará un edificio de cuatro pisos, convertido ahora en museo. Esa fue la última morada del poeta inglés John Keats.

Cuando murió tenía 25 años. Seis de ellos los había dedicado a la literatura. Tenía apenas cuatro de haber comenzado a publicar su obra. Su trabajo inicial tuvo una recepción fría. Sin embargo, junto con Lord Byron y Percy Bysshe Shelley, John Keats es ahora reconocido como uno de los principales poetas románticos ingleses.

John Keats nació en Londres en 1795. Quedó huérfano joven. Cuando tenía ocho años, murió su padre al caer de un caballo. Y cuando cumplió catorce, murió su madre de la enfermedad que sería la maldición de los  Keats: la tuberculosis, que en aquel tiempo no tenía cura.

John, dos hermanos y una hermana, fueron enviados a vivir con su abuela materna, quien les nombró un par de guardianes. Era 1810. Ese otoño, John se convirtió en aprendiz de cirujano y boticario. En octubre de 1815 comenzó a estudiar medicina y consiguió además un trabajo en un hospital. Su vocación médica parecía seria. Pero también había desarrollado una seria pasión por la literatura.

Desde la escuela, John demostró mucho interés en la historia y la literatura clásica. Un amigo cercano lo introdujo a la literatura del renacimiento. La muerte de su madre lo obligó a dejar la escuela y a comenzar su trabajo de aprendiz, pero cada momento que tenía libre lo ocupaba para leer, escribir y hacer ejercicios tales como traducir La Eneida. Ya no estaba seguro de querer estudiar medicina.

1816 fue un año importante para Keats. Recibió su licencia para ejercer como boticario, médico y cirujano. En mayo, la revista The Examiner publicó su soneto “A la soledad”. Fue su primera publicación. Antes que terminara el año, John anunció oficialmente a sus guardianes que dejaba la carrera médica para dedicarse a la poesía.

Al año siguiente publicó su primera colección de poemas, que tuvo pobre acogida. En esa época conoció a Isabella Jones, con quien mantuvo una relación afectiva. Jones inspiró varios poemas de Keats, entre ellos, una primera versión de “Estrella brillante”. Leer más »

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febrero 11, 2013

Buscando a Rodriguez

por Jacinta Escudos

La tienda de discos Mabu Vinyl está ubicada en Rhedee Street, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Su especialidad es la nostalgia musical. Quien busca música de los años 60 o 70, o música de los grupos musicales independientes sudafricanos, la encuentra allí.

Un día del 2006 el sueco Malik Bendjelloul, quien tenía meses viajando por Latinoamérica y África en busca de alguna historia para filmar un documental, llegó a Mabu Vinyl. Comenzó a hablar con uno de los dueños, Serge Segerman, a quien apodan “Sugar Man”, debido a que es fanático de un cantante estadounidense muy famoso en Sudáfrica, llamado Rodriguez, una de cuyas canciones más conocidas se llama, precisamente, “Sugar Man”.

En los años 70, Rodriguez había sido tan popular como The Rolling Stones y Bob Dylan. Sus canciones fueron parte del soundtrack de la generación de sudafricanos blancos que lucharon contra al apartheid. Todos en Sudáfrica se sabían las letras de sus canciones. Incluso Steve Biko era su fan. Así es que fue una gran tragedia nacional cuando se supo que Rodriguez se había suicidado.

Las noticias eran confusas y extrañas. Hubo varias versiones. La más escabrosa decía que el cantante había matado a su esposa, luego se había ido a dar un concierto y se había pegado fuego frente a los asistentes. Otra versión decía que se había pegado un tiro frente al público. Otra decía que se había pegado el tiro en casa. Otra versión decía que había muerto de una sobredosis de heroína. El caso era que estaba muerto.

Con el surgimiento de internet, Craig Bartholomew Strydom, un periodista musical y también fan de Rodriguez, se unió con Segermen y abrieron, a finales de los 90, una rudimentaria página web para rastrear toda la información posible sobre el cantante. Pese a su fama, nadie sabía dónde había nacido, dónde estaba enterrado ni tenían ningún dato sobre él. Leer más »

enero 28, 2013

Lecturas para el niño moderno

por Jacinta Escudos

Recientemente, un lector del excelente blog Moleskine literario preguntaba al escritor peruano Iván Thays (responsable de dicho blog), qué libro recomendaría para una niña de 8 años. “No sé si en esta época de Crepúsculo los niños todavía pueden leer a Julio Verne. Pero lo recomiendo”, contestó.

La pregunta y la respuesta me quedaron dando vueltas en la cabeza. Traté de recordar los libros que yo misma leí a esa edad y me pregunté si las lecturas que yo hice serían atractivas para los niños de hoy.

Una persona que creció en un tiempo donde no había internet, televisión por cable, correo electrónico, teléfonos móviles ni video juegos debe tener otros procesos de formación de pensamiento e imaginación. No quiero decir si mejores o peores. Simplemente procesos diferentes. Y dentro de esos procesos, donde existía mayor tiempo libre dedicado a la relación interpersonal directa, también había otros elementos que estimulaban con mucha fuerza la imaginación, como la radio y los libros.

La radio sigue existiendo pero su influencia no es tan profunda como en el siglo pasado, cuando la emisión de ciertos programas podía capturar la imaginación de toda una comunidad y ponerla en vilo. Pienso en algunas famosas radionovelas como El derecho de nacer, del cubano Félix B. Caignet, que comenzó a emitirse en Cuba en 1948 y que tuvo tal éxito que llegó a ser transmitida en prácticamente todos los países de Latinoamérica.

Tampoco podemos olvidar la reacción que tuvo la transmisión de La guerra de los mundos que hizo Orson Welles en 1938 y que generó genuinas escenas de pánico entre los estadounidenses, quienes consideraron que el contenido de la transmisión era tan real, que pensaron que los alienígenas estaban en verdad invadiendo la tierra.

A esa construcción de la imaginación también contribuían (y siguen contribuyendo) los libros. Comparto la idea de que un niño que crece en una casa donde hay libros se interesará por ellos con mayor facilidad, se familiarizará con ellos como objetos y se acercará a ellos de una manera u otra hasta que los adultos, sean los padres, los familiares o la escuela, lo confronten al ejercicio de la lectura. Leer más »

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